| Optimización de actividades |
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Uno de los cometidos fundamentales de la alta dirección empresarial es diseñar la estrategia con la que la compañía participa en el mercado y, posteriormente, ejecutar el plan de implantación de dicha estrategia. Una vez establecido el plan estratégico es preciso mantener mecanismos de control apropiados y evaluarlo periódicamente para garantizar la conformidad entre el diseño y la ejecución, que se alcanzan los resultados esperados y que el estrés del cambio no afecta a su correcto funcionamiento y al rendimiento empresarial. El plan de implantación de la estrategia corporativa pasa por definir los procesos y crear una red de actividades que incluye todas las tareas que realiza la empresa, del desarrollo de nuevos productos a la logística, de la atención a clientes a la gestión de los recursos humanos. Hoy en día, la mayoría de estos procesos están apoyados por sistemas tecnológicos como ERP, CRM, hojas de Excel, sistemas de facturación, nóminas, contabilidad, control de calidad, de producción, etcétera, que registran datos de cada actividad efectuada. Estos datos son como la sangre que los médicos analizan para diagnosticar la salud de un paciente: muestras reales de las que obtenemos respuestas sobre el estado general de la organización. Una vez obtenidos estos datos, las técnicas de Inteligencia de Negocio y Gestión de Procesos permiten extraer métricas e indicadores para conocer el comportamiento de nuestra red de actividades, visualizar dónde se están produciendo problemas, cotejar los resultados con los objetivos y previsiones y, en caso necesario, tomar decisiones para optimizar los procesos e incluso sobre la necesidad de replantear la estrategia corporativa. |

